Traducir

miércoles, 15 de junio de 2011

El camino hacia una nueva cultura

Un punto central en la auto comprensión de lo que es modernidad, radica en la defensa de su valor como innovación como comportamiento y como práctica cultural de la época.
La modernidad se presenta como elogio de lo nuevo y como un distanciamiento respecto del pasado esto nos dice que se comprende a sí misma como superación  e innovación de la tradición, como superación de los límites del pasado y como proyecto de perfeccionamiento del presente estos como sus paradigmas para el progreso la modernidad cobra sentido solamente como una ruptura con la tradición en donde la imitación y la reiteración de los principios originales era su característica.
Pero la innovación a su vez no representa solamente el total alejamiento respecto del pasado sino que comprenda también la tendencia a la producción ex – novo de los procesos y de las cosas, el hombre no se resiste a permanecer en los límites que la naturaleza la ha conferido al contrario su tarea es de alterarla y modificarla de forma constante, de acuerdo a un diseño propio que no imita los procesos naturales, sino que loa desnaturaliza adecuándolos a las necesidades del espíritu y del intelecto.
El iluminismo europeo instaura, gracias a la función central que asume el conocimiento la estrategia de realización del “hombre ideal”. El pensamiento secularizado mira el pasado, no para instaurarlo sino para superarlo. El pasado se convierte en historia, y la historia en un “punto basal” al cual remitirse para instaurar el proceso de emancipación.
La primera figura, que asume la auto comprensión moderna, la encontraremos en la generación de utopías, estas se presentan como realización en el futuro de un pasado “ideal”, sin facturas. En cuanto a una mirada hacia atrás y restauración de la memoria, las utopías permanecen como producto proto – moderno; mientras conforman a “pleno titulo” la modernidad, en cuanto fundadoras de la idea de futuro como producto de la emancipación, justamente de los vínculos del pasado.
En este sentido, la modernidad se presenta como proyecto de perfectibilidad de la historia, como estrategia articuladora del progreso.
Frase de la modernidad:

Sin la elaboración de una imagen del pasado,
no hay prefiguración de futuro y el progreso
como emancipación tiende a caer en el abismo
de la indeterminación. Pero, que es el pasado, sino,
una construcción funcional a la afirmación del presente
que necesariamente supone una acción selectiva por la cual
“algo” se olvida en el camino? la construcción
de la historia como contactarse de fases que se
articulan en el pasado, es también una monumental
operación de des memorización.


La modernidad como producto europeo
La modernidad en cuanto en construcción de la historia, y la historia como estructura del progreso supone nos dice Vattimo “un cierto ideal del hombre, que, en la modernidad ha sido la de siempre la del hombre moderno europeo”. Que es entonces la modernidad? No es otra cosa sino, sino la elaboración de la historia del hombre europeo occidental. La modernidad es la reconstrucción de la memoria del hombre europeo, que desplegada  en el mundo griego aparecen en el Renacimiento, conformándose como un punto de vista (supremo), comprensivo capaz de unificar a todos los otros.
El mismo concepto de revolución y las instituciones que la estructura del progreso generaba, estaban modeladas según este paradigma en fin que la modernidad consideraba dirigiera el curso de los eventos, estaba también prefigurado desde el punto de vista de un cierto ideal del hombre. Iluminista Hegel, Marx, positivistas, historicistas de todo tipo pensaban más o menos del mismo del mismo modo, esto, que el sentido de la historia fuera la realización de la civilización, asea, de la forma del hombre europeo moderno. Como la historia se la piensa unitariamente solo desde un punto de vista determinado que se pone al centro así el progresó se concibe solamente asumiendo como criterio un cierto ideal del hombre; que en la modernidad fue siempre el hombre moderno europeo.

Investigador: Pablo Noboa (UCE- FACSO).

Fuente bibliográfica:
Revista: Nariz del diablo, ll época, No: 17.
Autor del artículo: Julio Echeverría.
Publicación del Ciese, 
Año 1991, Abril.
Págs. 50-54.
biblioteca Aurelio Espinoza Polit. /Quito-Ecuador.


Lunes 13 de Junio de 2011

IDENTIDADES Y MODERNIZACION EN QUITO

Hay un problema general que se hace evidente al tratar las iden­tidades sociales en Quito. Por una parte, el saber si hay una atmosfera que crea señales que puedan identificar a todos los habitantes de la ciu­dad. Y por otra, las identidades sociales y étnicas que se manifiestan en el ámbito urbano, con sus procesos específicos. Esto se presenta como una tensión entre la concepción de la ciudad corno un todo homogéneo, y sus componentes sociales y étnicos.
Si se quiere definir la identidad de una ciudad, hay un imagina­rio construido sobre lo que se considera una tradición. No obstante, es­ta tradición ha sido creada en la cultura letrada, En principio, se apela a símbolos que unan a Quito como cuna de la nacionalidad y, por tanto, como epicentro de un concepto de nación. La primera quiteñidad moderna es aquella de comienzos del siglo XX, se halla muy inculcada de la historia patria y sin símbolos.
Los procesos de urbanización, expresan una disociación entre la ciudad letrada y la ciudad real. Esto no hace sino traducir la diferencia entre los que dominan y los dominados. La ciudad letrada es una definición que alude a la configuración de códigos culturales, donde tuvo un papel muy importante la escritura como medio cargado de muchos sentidos.
En cuanto se produjo históricamente un largo ascenso de la es­critura como un lenguaje en el que se expresó la dominación de la ciu­dad, la escritura también fue el instrumento para expresar los derechos de propiedad y el modo de rescatar la memoria histórica, sancionándose estilos específicos que han conformado una cultura aristocrática.

Lo aristocrático implica por contrapartida la presencia de lo plebe­yo cuyas significaciones solo pueden ser reconstruidas desde la documentación que generaron quienes detentaron el poder.
Acostumbrados como estamos a pensar en la modernización co­mo la realización de un ideal de progreso y civilización, resulta que los incompletos procesos de desarrollo industrial han puesto en su Lugar una configuración urbana sustentada en el terciario y la informalidad. Así que la ciudad moderna parece quedar atrapada entre una decadencia aristocrática y una multiplicidad de ejes sociales y culturales viejos y nuevos.
Una ciudad es un conjunto de fragmentos y retazos, donde se confunden historian individuales y colectivas. Retratarla es necesaria­mente un esfuerzo por penetrar en los imaginarios y representaciones construidos en diversas épocas. Este es una apreciación de la historia y sociedad urbana quiteña en el siglo XX que propone descubrir las claves que han guiado su desarrollo desde una ciudad señorial hacia una ciu­dad moderna.

QUITO COMO ESCENARIO URBANO
Para un observador externo, Quito puede dar la impresión de que no es una ciudad pequeña, pero tampoco una megalópolis. Y que si hay muchedumbres en las calles, congestión de transito y contaminación, notaria tarde o temprano que hay algo del pasado impregnado en la genio y la ciudad; pero al mismo tiempo, le sería difícil percibir pau­tas culturales comunes, vería  grandes diferencias sociales, pero en prin­cipio todo sería el caos.
Quito fue una pequeña ciudad que tenía 200 mil habitantes en 1950. El crecimiento urbano moderno arranca de mitad de siglo y se consolida en los años setenta con el fenómeno petrolero. Así, alberga 1.2 millones de habitantes en 1990. Su función de ser la capital del Ecuador, ha implicado también ser el asiento del aparato estatal. De allí el peso del empleo público y las clases medias.
Hasta hace pocas décadas, la ciudad era una prolongación del mundo señorial, por la residencia de las aristocracias y noblezas rura­les que ponían su sello a la ciudad, donde controlaron los órganos de poder. Por eso fue hasta cierto punto natural que los cargos municipales, sean ocupados por terratenientes de linajes aristocráticos. Pero también expresarla limitadamente la ciudadanía de artesanos y trabaja­dores.
En la formación de una cultura urbana como modos de vida di­ferenciados, se cruzan tradiciones hispánicas y tradiciones indígenas. Las tradiciones hispánicas fueron las que se impusieron históricamente, mientras que las tradiciones indígenas tendieron a ser relegadas o subordinadas en el desarrollo de la modernización.
Como contrapartida a una aristocracia terrateniente, había una plebe urbana y una multitud de sirvientes domésticos. Hasta mediados de este siglo, una cuarta parte de la población activa de Quito, estaba vinculada al servicio doméstico.

LA REPRESENTACIÓN EN LA NARRATIVA

La narrativa ha sido un medio en el que se ha evidenciado una percepción de Quito, sus personajes, dramas y ocultamientos.
Quito es un escenario privilegiado de la narrativa de Jorge Icaza. La existencia de castas en la sociedad ecuatoriana, fue trasladada a su obra literaria. En las calles (1935) se sitúa en la transformación de mi­grantes mestizos e indígenas frente al trabajo urbano y a una nobleza que aparece en la ciudad, controlando los resortes del poder. Ocurría así en la trama de la novela que los indios y mestizos que escapaban del campo, de la opresión que les imponía la nobleza terrateniente, venían a encontrarse en la ciudad con esa misma nobleza transformada en em­presarios industriales. El ambiente pueblerino mestizo y el ascenso so­cial de los personajes asociados a la propiedad terrateniente mediana, se hallan retratado en Cholos (1937), caracterizando al cholo arribista que negocia su integración subordinada al sistema de poder. En su me­jor novela, El chulla Romero y Flores (1958), se traduce la ambigüedad e inconsistencia de las clases medias mestizas incapaces de reconocerse culturalmente en lo Indio, y sin poder ser plenamente incorporadas en lo occidental. Esta novela simboliza y representa a un orden estamen­tal en el que están atrapadas las clases medias con pocas posibilidades de contestación. La rebelión ante ese orden rígido aparece como un re­curso que impone la desesperación. Si para Icaza la ciudad puede ser el escenario de conflictos sociales y étnicos, en la narrativa posterior ira ocurriendo una suerte de amnesia respecto al tema étnico y sus con­flictos.
De esta manes, Las tierras del nuaymás (1975) de Jorge Rivade­neira, se sitúa en ese tránsito entre 1950 a 1960, cuando se percibe el ra­cismo citadino, y la presencia de los indígenas como un tema que apa­rece más vinculado al agro, cuando el sistema de hacienda era cuestio­nado desde adentro y afuera. En El desencuentro de Fernando Tinajero (1976), hay ese fastidio con la ciudad señorial que no deja de existir, pe­se a tener ese ropaje de modernidad que le imprime el petróleo.
Los indios desaparecen en la narrativa y con la modernización, los narradores y novelistas tienden a captar una imagen fragmentaria de Quito. Hay también un cambio del protagonista en la novela: se pasa de las clases populares y los conflictos sociales al mundo de las aristocracias en decadencia, las clases medias y personajes del mundo mar­ginal.

LA CIUDAD QUE YA NO EXISTE

Cada cierto tiempo, surge la idea de que se está terminando de  la ciudad que hubo antaño. Así, en los años cuarenta, se añora el Quito que ya no existe. En los ochenta, se recuerda nostálgicamente la época de los cincuenta. Se puede decir que cada generación que ejercitó el recuerdo, ha vuelto los ojos veinte o treinta años atrás como una época mejor.
En un cuánto de Javier Vásconez, los jubilados de la Plaza Gran­de relatan historias que "pertenecen al pasado, recuerdan con nostalgia el ruido cascabeleante del tranvía cuando se desplazaba como un esca­rabajo por las calles de la ciudad” Lo que alude a un recordatorio fija­do en la época propia de una generación.
En la creación de una memoria, ha sido importante el imperio de los cronistas, quienes en su función de recordar y condensar la ciu­dad, han mostrado un afecto y fidelidad de amantes que se ha expresa­do en una suerte de feminización de la ciudad a la cual hay que atri­buirle virtudes y encantos dignos de ser evocados y mencionados:
Este cariño, en general, tiende a olvidar las profundidades y con­tradicciones del mundo urbano. Los cronistas cumplen la función de administrar" la memoria; jerarquizan hechos para el recuerdo, se construye un imaginario de la ciudad. La ciudad se vuelve "ella", adqui­riendo una corporeidad y evocación.
Los recuerdos pueden surgir como burbujas as de jabón y esfurnar­se en el aire. Hasta cierto punto, compensan emocionalmente a quien rememora una situación pasada que en su tiempo real tal como fue vi­vida.

Investigador: Pablo Noboa (UCE- FACSO).

Fuente bibliográfica:
Libro: La otra cultura, (Imaginarios, mestizaje y modernización).
Autor: Hernan Ibarra.
Págs. 29-38.
Biblioteca municipal Quito-Ecuador.

Domingo 19 de Junio de 2011

EL ITINERARIO DE LAS FIESTAS DE QUITO


Las fiestas de Quito, nacieron en1959 cuando el vespertino Ul­timas Noticias había emprendido una campaña para recuperar las tra­diciones que se encontraban en decadencia.

Toda modernización supone un rescate de la tradición, y una formulación de la identidad. Por eso, las fiestas de Quito estarían inscritas en esta apelación a la tradición y la definición de una identidad urbana. Sin embargo, se trataba de una construcción moderna de la quiteñidad, que tiene su núcleo más fuerte en la reivindicación de la hispanidad. Al inicio, no se sabe muy bien que se está celebrando.
Apenas llegado a Quito en 1960, el joven agente de la CIA, Phi­lip Agee, fue a una corrida de toros. El creyó -equivocadamente- que el 6 de diciembre, era una conmemoración de la expulsión de los españoles de Quito. Los historiadores abonan a la confusión al discutir si la fecha original es o no el 6 de diciembre. Si se elige la fecha inicial de fundación de Quito el 28 de agosto de 1534, a orillas de la laguna de Colta en Chimborazo, habría que ir a celebrar allá?
La modernización también se torna equivocada la figura del chulla quiteño. Para unos, el chulla quiteño se transforma en parte de una evocación costumbrista. Para otros, traduce un estado de ánimo. Hay consenso en que los personajes de este tipo se vuelven escasos después de 1960, con el suicidio del "terrible" Martínez, representante arquetípico del sentido moderno del chulla.

En un nuevo periodo de integración nacional y desarrollo  estatal la ciudad donde está ubicado el aparato de Estado reivindica un localismo urbano. Siempre han sido importantes los espacios, aun­que la intensidad del fenómeno y su lugar, es en sí diferente, depen­diendo de lo que se concibe en un memento dado como lo nacional. Es precisamente al finalizar una década de alto crecimiento demográfico de Quito y de impulses desarrollistas, cuando se busca un evento de integración local.

En la década del sesenta, se tiene un hecho central en las fiestas, la corrida de toros, acontecimiento alrededor del cual se articulan las visiones más globales que reivindican la fuente hispánica del criollis­mo. Los toros y los toreros juegan un rol muy importante en la formación de una ideología oficial de las fiestas. Sombreros cordobeses, panderetas y castañuelas evidencian el amor a la madre patria. Es también necesario vincular a esto la oficialización de Jesús del Gran Poder corno figura simbólica de la religiosidad popular.
Por otro lado, en los sesenta se produce el apogeo de la música colombiana y mexicana, lo que incide en opacar la música nacional.

La década del ochenta, muestra la falta de ejes centrales de con­vocatoria. Para muchos se vuelve motivo de huida a la playa o unas va­caciones. Desde la perspectiva de los grupos medios ilustrados que controlan el sentido de la fiesta, la Quiteñidad es reivindicada con una visión nostálgica del pasado y su componente hispánico.

Las fiestas en los noventa, revelan fatiga de la fórmula original, y
consolidan una dispersión de sentidos. El sombrero cordobés en la plaza de toros se vuelve raro y cede el puesto al trivial sombrero de paja toquilla y la visera de cartón. Con la crisis económica, los discomóviles desplazan a las orquestas, y los disc-jockeys imponen su dictadura.

Investigador: Pablo Noboa (UCE- FACSO).

Fuente bibliográfica:
Libro: La otra cultura, (Imaginarios, mestizaje y modernización).
Autor: Hernan Ibarra.
Págs. 38-40.
Biblioteca municipal Quito-Ecuador. 


TEORIA DE LA SOCIEDAD DEL RIESGO

Quien concibe la modernización como un proceso autónomo de innovación debe tener en cuenta su deterioro cuyo reverso es el surgimiento de la sociedad del riesgo. Este concep­to designa una fase de desarrallo de la sociedad moderna en la que a través de la dinámica de cambio la producción de riesgos políticos, ecológicos  e individuales escapa, cada vez en mayor proporción, a las instituciones de control y protección de la mentada sociedad industrial.
A este respecto, es pertinente diferenciar dos fases: una primera,  en la que las consecuencias y auto amenazas se producen sistemáticamente, sin embargo, no son públicamente tematiza­das y se convierten en el nucleó, del conflicto político; aquí domina la auto comprensión de la sociedad industrial, que potencia al mismo tiempo la producción de peligros de­pendientes de la decisión y que son entendidos como restos de riesgo, sociedad portadora de restos de riesgo. A esto corresponde la aceptación de la dominabilidad total, ya que solo bajo este presupuesto son tolerables los restos del riesgo.
Una situación muy distinta se origina cuando los peligros de la sociedad industrial dominan los debates y conflictos públicos, políticos y privados. Se constata que las instituciones de esta sociedad se convierten en fases de producción y legitimación de peligros incontrolables sobre la base de unas rígidas relaciones de propiedad y de poder. La sociedad industrial se conternpla y se critica como sociedad del riesgo. Por una par­te, la sociedad decide y actúa según el modelo de la vieja so­ciedad industrial, por otro lado las organizaciones de, internos, el sistema de derecho, la política conviven con debates y con­flictos, que se derivan de la dinámica de la sociedad industrial.

Diferenciación de reflexión y reflexividad de la modernidad

Con la mirada puesta en estos dos estadios, se puede presen­tar el concepto de modernización reflexiva. Esta, entendida tanto empírica como analíticamente, elude) y tanto a la refle­xiòn (como el adjetivo (reflexivo) parece sugerir) dirigirse a la auto confrontación: el tránsito de la época industrial a la del riesgo se realiza anónima e imperceptiblemente en el curse de la modernización autónoma conforme al modelo de efectos colaterales !a­tenles. Se puede decir directamente: las constelaciones de la so­ciedad del riesgo se producen a cause del dominio de los su­puestos de la sociedad industrial (consenso sobre el progreso, la abstracción de los efectos y peligros ecológicos, la optimización) sobre el pensamiento y la acción de los hombres e instituciones. La sociedad del riesgo no es una opción y elegida o rechazada en la lid política. Surge en. El auto despliegue de los procesos de Ia modernización que son ajenos a las consecuencias y peligros que a su peso desencadenan. Estos, procesos de modernización  generan de manera latente peligros, que cuestionan, denuncian y transforman los fundamentos de la sociedad industrial.
Esta forma de auto confrontación de las consecuencias de la modernización con sus fundamentos es claramente diferen­ciable de la autor reflexión de la cultura moderna en tanto in­cremento del saber y de cuantificación. Catalogamos de reflexi­vidad diferenciándose y oponiéndose al concepto de reflexión - al tránsito reflexivo de la sociedad industrial a la socie­dad del riesgo; por ((modernización reflexivo)) se entiende la auto confrontación con los efectos de la sociedad del riesgo, efectos que no pueden ser mensurados y asimilados por los parámetros institucionalizados de la sociedad industrial.' El hecho de que esta constelación pueda convertirse, en un se­gundo estadio, en objeto de reflexión (pública, política y científica) no debe ocultar los mecanismos no reflexivas y reflexivos del tránsito: precisamente a través de la abstracción de la sociedad del riesgo, esta surge y se realiza.
 
Investigadores: Pablo Noboa, Mauricio Chamorro (UCE- FACSO).

Fuente bibliográfica:
Libro: Las consecuencias perversas de la modernidad.
Autores: A. Giddens; Z. Bauman.
              N. Luhmann; U. Beck.
Págs. 201-205.
Biblioteca municipal Quito-Ecuador.